Se recuerdan 121 años de la primera Revolución de Ecuador por la justicia social

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Este lunes 06 de junio la cónsul de Ecuador María Lourdes Portaluppi, el embajador Rafael Quintero y el concejal José Bracho junto a miembros de comunidad de la parroquia San Bernardino homenajearon al gran luchador Eloy Alfaro en la plaza que lleva su mismo nombre.

Eloy Alfaro, nacido en Montecristi (Manabí) el 25 de junio de 1842, fue el líder de la lucha liberal que duró 3 décadas y del proceso revolucionario desde 1895, como Jefe Supremo y Presidente de la República.

La historia escribe que un 5 de junio de 1895 en la ciudad portuaria de Guayaquil, el general Alfaro es proclamado jefe Supremo por las guarniciones que batallaron contra las fuerzas conservadoras, proceso en el que tuvieron activa participación los campesinos, principalmente de la Costa, denominados despectivamente como montoneros por las oligarquías y terratenientes que dominaron el espectro político y económico de la nación creada en la Constituyente de 1830.

La esclavitud, el maltrato, el desconocimiento de derechos, la explotación laboral, la exclusión en la toma de decisiones, entre otras prácticas del viejo estado burgués-terrateniente a lo largo del siglo XIX fueron el detonante para que los montoneros expresen su descontento a través de las armas.

Alfaro, un manabita nacido en 1842, adquirió una importante formación progresista como consecuencia de sus viajes por distintos países de Latinoamérica, que a mediados del siglo XIX vivía importantes procesos de transformación inspirados en la ideología liberal.

Sus ideas de cambio calaron profundo entre las grandes mayorías que lo proclamaron Jefe Supremo de la Nación justo cuando la oligarquía guayaquileña, quiteña y cuencana se aprestaba, en Guayaquil, a acordar una componenda para colocar en el poder al cacaotero Darío Morla tras el derrocamiento del presidente Luis Cordero.

“Pero los autores de ese contubernio no contaban con la reacción del pueblo guayaquileño y los trabajadores montubios de la zona próxima, que tomaron las calles del puerto y empezaron a aclamar la Jefatura Suprema de Eloy Alfaro. Desbordada por el pueblo, la burguesía porteña no tuvo más que aceptar el liderazgo revolucionario de Alfaro”, refiere Jorge Núñez, director de la Academia de Historia de Ecuador en un artículo de opinión publicado por el diario público El Telégrafo.

Ante el desconocimiento del gobierno de Vicente Lucio Salazar, quien asumió interinamente tras la salida de Cordero, y de los grupos terratenientes de la Sierra, Alfaro preparó una campaña armada que triunfó en las batallas de Chimbo, Socavón y Gatazo.

Alfaro entró triunfalmente en Quito, el 4 de septiembre de 1895, donde fue recibido apoteósicamente por el pueblo y las personalidades más importantes de la ciudad, reseñan los documentos históricos. Ejerció la presidencia ecuatoriana en dos periodos (1897-1901 y 1906-1911).

Instalado definitivamente en el poder, Alfaro introdujo transformaciones sociales, económicas y políticas como consecuencia de la promulgación de decretos y leyes. Uno de los cambios trascendentales fue la separación del Estado de la influencia de la iglesia Católica.

En ese contexto, dispuso la educación laica, que la mujer pueda acceder a la universidad y al servicio público, decretó la libertad de cultos, expidió las leyes de matrimonio civil y del divorcio, eliminó la tributación indígena, se construyeron colegios, se creó el Ejército y se unificó al país a través de la obra del ferrocarril, emblemática obra que fue abandonada por sucesivos gobiernos pero rescatada por el presidente Rafael Correa como un símbolo del legado de unidad y modernidad que dejó el Viejo Luchador como se conocía a Eloy Alfaro.

La recuperación del ferrocarril de Eloy Alfaro es una obra del gobierno del presidente Rafael Correa.

Las revolucionarias transformaciones y el proyecto político a favor de las grandes mayorías provocaron el violento rechazo de los poderes oligárquicos, de la iglesia, de los tradicionales medios de comunicación, de los conservadores y de traidores del movimiento liberal ambiciosos de poder.

A diario en las páginas de los principales medios escritos se oponían abiertamente al gobierno del presidente Alfaro, unos incluso con duros calificativos, especialmente en su segundo mandato.

Este ambiente propiciado por la prensa de la época, sumado al odio generado por los sectores de oposición derivó en el apresamiento del líder, luego de llegar a Ecuador tras su derrocamiento en 1911 y posterior destierro. Irónicamente fue trasladado desde Durán, en el propio ferrocarril que construyó, hasta el panóptico en Quito, desde donde el 28 de febrero de 1912 fue sacado a la fuerza por una turba que le dio muerte.

El cadáver del ahora considerado uno de los mejores presidentes de la historia de Ecuador y otros tres de sus más leales seguidores, fue arrastrado y llevado hasta la plaza de El Ejido, en donde fue incinerado en un episodio descrito des después por el escritor Alfredo Pareja Diez Canseco como la Hoguera Bárbara.

“Si en vez de afrontar el peligro, yo hubiera cometido la vileza de pasarme al enemigo habríamos tenido paz, mucha paz, la paz del coloniaje”, es una frase del Viejo Luchador que describe sus férreos principios.

Historiadores coinciden en que Alfaro era un internacionalista con una gran visión para advertir a los enemigos de la Patria Grande de Simón Bolívar.

En Montecristi, ciudad manabita donde nació Eloy Alfaro se construyó un museo en su honor.

“Alfaro es uno de los pocos que entiende en la época la urgencia de la unidad latinoamericana ante la arremetida del imperialismo. Entiende que más allá de las balas hay otra forma de conquista que son la penetración económica, deuda externa, entre otras formas de colonización”, expresó el historiador Jorge Núñez.

El legado del Viejo Luchador se mantiene intacto 121 años después de su proclama revolucionaria. Sus anhelos de progreso, libertad, justicia social inspiran al gobierno del presidente Correa, quien identifica al proyecto político de la Revolución Ciudadana que lo llevó al poder en 2007 como “profundamente Bolivariano y Alfarista”.

“Nada soy, nada valgo, nada pretendo, nada quiero para mí, todo para vosotros que sois el pueblo que se ha hecho digno de ser libre”. Eloy Alfaro Delgado.

En 2005, el general Eloy Alfaro Delgado fue elegido como el ‘Mejor ecuatoriano de todos los tiempos’. Esto, a través de un concurso de televisión donde el público tenía que elegir a la máxima figura de nuestra historia.

Por entonces, habían transcurrido 110 años de la Revolución Liberal Ecuatoriana, que hoy conmemora su aniversario 121, y que llevó a Alfaro al poder. El ‘Viejo luchador’, sin duda y con mucho mérito, puede ostentar ese galardón del ‘mejor ecuatoriano’.

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Con información de  http://www.andes.info.ec/es/noticias/este-5-junio-recuerdan-121-anos-primera-revolucion-ecuador-justicia-social.html

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